Apenas entras, lo primero que te envuelve es ese olor suave a mar que se cuela por los ventanales. Dejas las maletas, abres cortinas y aparece ese paisaje que nunca cansa: el océano moviéndose con calma, como si te diera la bienvenida.
Te preparas algo ligero, te sientas en el balcón y escuchas las olas. No haces nada más… y eso ya se siente suficiente.
El apartamento es tan acogedor cómodo con la brisa del mar que te sientes como estar en casa