El hotel está situado en plena medina, a un minuto andando de las tiendas. El acceso en coche no es fácil, pero es posible.
Al dejar el hotel pedimos un taxi en recepción (se puede llegar en coche, porque los vecinos de la calle del hotel lo hacen y aparcan el coche en la puerta de sus casas ), pero nos dijeron que teníamos que ir nosotros a buscarlo. El personal del hotel considera normal que el cliente camine cargado hasta encontrar un taxi.
Cinco minutos cargando con las maletas por las calles empedradas de la medina no es la mejor forma de despedirse de una ciudad.
La habitación estaba limpia y su decoración tenía encanto, pero el baño excesivamente oscuro, no había jabón, gel ni champú, cosa extraña en un hotel de 4 estrellas.
A la tv le faltaba un cable, bajamos a recepción a pedirlo. Nos dijeron que lo subían enseguida.Tuvimos que bajar nuevamente porque lo habían olvidado. Una vez instalado el cable, no fue capaz de hacer funcionar la tv, nos ofreció cambiar de habitación, cosa que agradecimos pero no fue necesario.
Desayuno: lo sirven por partes, primero el pan con mantequilla, luego una madalena. Cuando has terminado el pan, te traen un plato de fiambre y ya cuando vas a levantarte de la mesa, te traen un huevo pasado por agua. Lentitud.
En definitiva, un hotel de cuatro estrellas al que le sobran dos.